domingo, 1 de noviembre de 2009

Respirando algo de libertad.

Todo esto entra en mí con la facilidad en que un huracán puede arrancar una casa, todo me inunda como si subiera la marea cada día en mi interior…
Como explicar el frescor que entra cada mañana por la ventana, el aire nuevo que me hace caminar durante el día con una sonrisa tonta. Caminos que recorro junto a alguien que no está, alguien que aun así va a mi lado en cada paso.
Ahora paso los días con la puerta de mi cárcel abierta, esperando que vuelva a entrar por ella, contando los segundos que quedan para que vuelva a iluminar mi morada, nuestra morada…
Y siento un presente cargado de emociones, de felicidad, y vislumbro un futuro en el que no veo lágrimas, en el que no habrá desfallecimientos. Un mañana en el que solo habrá risas y alegrías, en el que la luz permanecerá en casa todo el día, en el cual el aire fresco correrá por mis pulmones en cada momento, y nunca más me sentiré ahogado por poco que respire.
Ahora tengo la llave de las cuatro paredes que me aprisionan, ahora salgo cada mañana al patio a ver el sol.

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