Hoy se me antoja la vida como un cigarrillo.
Esta misma de la que hablamos se va consumiendo como tal, gastando y a veces asqueando. Tenemos sorbos de ella que nos llenan, pero algunos otros que desecharíamos. Hay personas que incluso llegarían a dejar este vicio.
Pero no, así no, yo prefiero aguantar la tos, las bronquitis y la voz ronca. Me gusta vivir hasta los amargos momentos que recuerdan a ese cigarrillo y sentir con todas las fuerzas los momentos que recuerdan a pisar esa nicotina y te vuelves a sentir libre.
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